Anécdotas Personales (III):

“LA VACUNA SALK Y LA PRIMERA DAMA”

POR SAMUEL LEWIS GALINDO

Don Ricardo Arias Espinosa tuvo siempre un especial aprecio por mi familia, muy particularmente  por mi hermano Gabriel y por mi.   Cuando ascendió a la Presidencia de la República trató siempre, en distintas formas, de hacernos alguna distinción.

En la década  de los 50 yo no había superado todavía mi aversión a volar.  Siempre buscaba alguna excusa para evitar utilizar los aviones.  En 1951 fui a Europa y me tomó cerca de 23 días el llegar por barco al Viejo Continente y regresar al país.  En avión lo hubiera hecho en horas, no días.

En esas circunstancias, mejor dicho, con mis temores vigentes, recibí un buen día una llamada del Presidente Ricardo Arias para manifestarme que me había nombrado con JD Bazán, representantes de Panamá en la toma de posesión del nuevo Presidente de Brasil, Jucelino Kubischech.  Le di junto con el No una excusa que él, por supuesto no aceptó al manifestarme:  “Estas muy joven y no sabes que a un Presidente amigo no se le dice no.  Pregúntale, terminó diciéndome, su opinión a tu Padre”.  Pasaron algunos días y no recuerdo que explicación di, pero Bazán se fue solo a Río sin mi compañía.

En ese tiempo yo bajo el seudónimo de Salegal escribía ocasionalmente en el periódico de mi padre, El País.  En esos días se desató en Panamá una gran epidemia de poliomielitis.  Poco antes de ese brote epidémico el Dr. Jonas Salk había perfeccionado la vacuna que lleva su nombre.  En la Zona del Canal se inició un programa masivo de vacunación a la población norteamericana.  Mientras que los panameños estábamos desprovistos de ella. Escribí entonces en El País, invitando a las autoridades a adquirir la vacuna y darle así la protección a la población.  El Presidente Arias Espinosa recogió mi observación y decidió enviar a Washington una comitiva integrada por su señora esposa doña Olga Arias de Arias en la cual me incluyó.  No pude, por supuesto, decir esta vez que no.  Doña Olga dama de singulares virtudes, conjugó en ella elegancia, inteligencia y carácter.  Ella fue a Washington y ante la indiferencia de nuestra representación diplomática en relación a la importante misión que ella tenía, tuvo que actuar prácticamente sola  demostrando gran habilidad,  tacto y firmeza frente a las autoridades norteamericanas.  Como último recurso, ya que las  solicitudes panameñas no habían conducido a nada en las esferas subalternas del Departamento de Salud, acudió al propio Presidente Eisenhower y a su señora esposa para lograr de estos que EEUU nos vendiera la nueva vacuna.  Tuvo prontamente éxito.  El argumento central utilizado por la Primer Dama fue siempre: “a la Zona del Canal y a la Ciudad de Panamá solamente los separa una avenida, la 4 de Julio.  De un lado de la avenida todos están vacunados y del otro ninguno”.

Regresamos a Panamá con la vacuna Salky el Patronato contra el Polio pudo iniciar la campaña de vacunación.  Doña Olga como muestra de agradecimiento  por mi iniciativa y la modesta ayuda que pude brindarle en su misión me obsequió, pagándolas de su propio recurso, unas finas mancuernas que aún conservo como recuerdo de una misión que llevé a cabo en Washington en compañía de una gran dama.

Diciembre 1, 2004.

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